Los Barrios

Potro de herrar

#PatrimonioEtnográfico

BARRIOS DE LAS UMBRÍAS

    Los barrios tienen su origen en la necesidad de los vecinos de Burgohondo de estar más cerca de sus explotaciones agrícolas y ganaderas, ambas de subsistencia, y que al encontrarse a varios kilómetros del núcleo urbano, y tener que desplazarse a pie o en caballerías o carros, tardaban mucho tiempo en ir a las explotaciones. Por ello, se construyeron las denominadas “casillas”, o casas de campo, donde las personas residían sobre todo en verano. Algunos tenían, además, vivienda en el casco urbano, donde pasaban los meses más fríos del invierno.

    Junto a estas “casillas”, se construyeron los “pajares” o edificaciones destinadas a guardar el ganado y/o del heno o paja, lo que constituye el entramado de los barrios.

    La construcción de las casillas se basa principalmente en materiales de la zona; granito, madera y vegetales para la cubierta, aunque paulatinamente fueron sustituidos por tejas de barro. La madera se usaba en las divisiones horizontales y en la estructura del tejado. El adobe se usaba en algunas casillas para lucir el interior y hacer la separación de las habitaciones.

    Otra de las características comunes era que disponían de hornos comunitarios, donde se cocía el pan por turnos para la semana e incluso el mes.

    En el año 1955 aún residían en las Umbrías 735 habitantes, siendo los barrios más poblados Bajondillo con 150 habitantes y La Cendra con 236 habitantes.

    Su mayor auge se produce en los años 50, donde es tal el número de habitantes, que desde el Ayuntamiento se solicita a la Administración Provincial, que se habilite un local para la Escuela local, con el fin de que los niños y niñas (en aulas separadas), no tuvieran que desplazarse 3 o 4 kilómetros hasta la escuela del pueblo.

   Las “casillas” no contaban con agua corriente, alcantarillado, ni energía eléctrica…

    A partir de los años 60 comienza el éxodo rural y fue cuando empiezan a despoblarse los barrios.

    La vida en los barrios discurría de forma muy similar en todos; entre vecinos se ayudaban en las tareas del campo y se juntaban para ir a la “Re”, que consistía en tener el ganado en una zona y quedarse a dormir allí, para que no sufrieran ataques de lobos ni robos.

    Solían juntarse todas las noches a “Velar”, que era ir a una casilla donde hablaban un rato y compartían el vino y los frutos de temporada.

    También era tradición que en Semana Santa los jóvenes jugasen al “Calvo”, que era un juego donde tenían que acercarse a un palo que tenía tres patas con unas piedras e intentar tirarlo.

    El Ayuntamiento de Burgohondo ha señalizado los barrios y los caminos principales para acceder a ellos.